Dicen que los gatos son más sensitivos que las personas. Que los animales escuchan los latidos de nuestro corazón y sienten emociones que quizá los humanos no seríamos capaces de explicar ni con un millón de versos. Dicen que esos amigos que nunca nos abandonan son leales y fieles. Dicen que son de personalidad y carácter fuerte. En alguna parte leí que un gato nunca será tu esclavo ni tu seguidor. Que eres tú quien ha de serlo de tu gato.
Nunca había visto que un animal, en este caso un gato, en este caso tu gata, Fátima, pudiera seguir viviendo cuando ya el destino había decidido que dejara de hacerlo. Eso no se llama lealtad, ni fidelidad, ni compañía, ni siquiera puedo llamarlo afecto. Eso es fortaleza y amor.
Mucha gente piensa que los gatos no aman, o no lo hacen de igual manera que otros animales. Fátima era diferente. Era de gran carácter, como tú, amiga, y era a veces huraña y protestona. Pero sabía ser dulce, como tú. Sabía mirar a los ojos con sinceridad y sabía que era una princesa. La princesa manchadita de la casa. La que se sentaba a vuestro lado en el desayuno y veía la tele acurrucada en la cama. La gatita tricolor que sabía lo bonita que era y paseaba con la gracia de una modelo y el orgullo silencioso de todos los felinos.
Quizá escuchéis el susurro de sus andares por los rincones de la casa y sintáis que ella sigue caminando en silencio a vuestro lado. Algo tan hermoso no se pierde de un día para otro. Sus enormes ojos ahora están cerrados, pero algo en vuestro corazón nunca morirá. Fátima se ha ido, pero nunca lo que fue para vosotros. Nunca se va del todo aquello que se extraña.
Ella quiso esperar a que tú llegaras y darte el último abrazo. No pudo esperarte y sé que eso es lo más difícil. Pero, amiga, que no pese más eso que estos dieciséis años a vuestro lado. Que no pese más que la gracia que tenía para sentarse en posturas imposibles o la belleza que destilaban sus andares pausados. O que se despertara para hacerte compañía esas mañanas de café y sueño.
Ahora está tranquila. Ya imagino que su último pensamiento fue para las tres personas que más quiso en la vida; su padre, su madre y su hermana.
"El paraíso nunca será paraíso a no ser que mis gatos estén allí esperándome"
Fátima; Origen árabe. Única.
Y es que ella era, simplemente, única.
Los sueños no me dejaron en toda la noche. Yo creía que me tocaban con sus dedos. Pero los sueños no tienen dedos, tienen puños, así que debían de ser alacranes. (Roberto Bolaño, Los detectives salvajes).
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jueves, 15 de enero de 2015
domingo, 11 de marzo de 2012
Ruidos Nocturnos
Es de noche. La casa está en silencio. Estoy en mi cama. Acabo de ver tesis. Oigo un ruido en medio de la oscuridad y me entra el miedo. Meto la cabeza debajo de las sábanas y trato de no pensar en asesinos. Es imposible. Cuanto más lo intento menos lo consigo. Mi cerebro empieza a trabajar a toda velocidad mostrándome imágenes de películas de terror en las que la víctima está sola en casa en medio de la noche. Entonces, oigo de nuevo el ruido. Primero una puerta que se abre...luego algo que bota en el suelo. Empiezo a sudar. Sé que debería levantarme y salir al pasillo. Pero no lo hago. Estoy paralizada en mi cama.
...
Al cabo de un rato el ruido ha cesado. Me dispongo a reírme de mis miedos y a dormir cuando vuelvo a escuchar un ruido. Ésta vez mucho, muchísimo más cerca. Quien sea que haya en la casa está detrás de mi puerta. Por un momento deseo volver a tener cinco años, que mis padres estén en casa y poder ir corriendo a refugiarme en su cama. Pero no puedo. Afino el oído esperando que el ruido termine. Y oigo arañazos. Me levanto de la cama temblando. Oigo un lamento cercano. Entonces sonrío. Y me siento estúpida.
Abro la puerta y miro al suelo. Ahí está Luna mirándome.
-Claro, pobrecita, tenías miedo.
Me contesta con un suave ronroneo y de un salto se arrebuja en mi cama.
Detrás de Luna, un poco alejado, está Inu mirándome con expresión culpable. Le llamo y le dejo pasar, en silencio se acurruca al lado de Luna. Sabe que no soy capaz de enfadarme con él.
Antes de meterme en la cama con mis gatos, miro al pasillo y veo una pelota de goma aún rodando (¿De dónde la habrá sacado?). Luego me giro y veo a los dos bultos que duermen respirando acompasadamente. Y pienso, mientras me meto debajo de la manta, que cuánta razón tiene quien dijo que si hubiera que elegir un sonido universal para la paz, votaría por el ronroneo.
...El Paraíso nunca será Paraíso a no ser que mis gatos estén allí esperándome...(Anónimo)
...
Al cabo de un rato el ruido ha cesado. Me dispongo a reírme de mis miedos y a dormir cuando vuelvo a escuchar un ruido. Ésta vez mucho, muchísimo más cerca. Quien sea que haya en la casa está detrás de mi puerta. Por un momento deseo volver a tener cinco años, que mis padres estén en casa y poder ir corriendo a refugiarme en su cama. Pero no puedo. Afino el oído esperando que el ruido termine. Y oigo arañazos. Me levanto de la cama temblando. Oigo un lamento cercano. Entonces sonrío. Y me siento estúpida.
Abro la puerta y miro al suelo. Ahí está Luna mirándome.
-Claro, pobrecita, tenías miedo.
Me contesta con un suave ronroneo y de un salto se arrebuja en mi cama.
Detrás de Luna, un poco alejado, está Inu mirándome con expresión culpable. Le llamo y le dejo pasar, en silencio se acurruca al lado de Luna. Sabe que no soy capaz de enfadarme con él.
Antes de meterme en la cama con mis gatos, miro al pasillo y veo una pelota de goma aún rodando (¿De dónde la habrá sacado?). Luego me giro y veo a los dos bultos que duermen respirando acompasadamente. Y pienso, mientras me meto debajo de la manta, que cuánta razón tiene quien dijo que si hubiera que elegir un sonido universal para la paz, votaría por el ronroneo.
...El Paraíso nunca será Paraíso a no ser que mis gatos estén allí esperándome...(Anónimo)
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